Residentes de los barrios Las Moras, Cascada Chica, Piren, Altos del Sol y Kumelkayen, cercanos a las tomas sobre la ruta 48.

04 Abr 2013
    

Las personas que hoy residimos en los barrios Las Moras, Cascada Chica, Piren, Altos del Sol y Kumelkayen vivimos desde hace una semana las consecuencias de una ocupación ilegal de tierras linderas a nuestras viviendas y que son propiedad del Ejército. A este fin, hemos cumplido desde el primer momento  con  los pasos correspondientes y legales para solucionar la situación, pero no hemos tenido respuesta de ninguna de las autoridades responsables en cuestiones de este tipo. La Intendencia nos dice que a esta altura es una cuestión de las fuerzas de seguridad y de la justicia, ya que el Ejército ha hecho la denuncia pertinente. Nos dirigimos entonces a ellas, pero  nos dicen que dependen de la decisión del Juez interviniente. A su vez, preguntando por la decisión de dicho Juez, se nos informa que la única acción al respecto ha sido la de ordenar filmaciones y fotos del asentamiento.

La situación que vivimos en este momento es absolutamente abandónica, como es también en su realidad  la de la gente que reclama derechos y  promesas no cumplidas.  Ambas partes estamos sufriendo las consecuencias de una solapada evasión de las responsabilidades pertinentes.

A quién podemos recurrir entonces los ciudadanos? Se supone que las autoridades están, entre otras cosas, para velar por una convivencia armoniosa entre los vecinos de San Martín de los Andes.

Las sociedades se organizan en base a estas tutelas y arbitrajes para dar solución a las distintas partes intervinientes en un conflicto, sobre todo en este caso que no es responsabilidad para nada de las familias que residimos aquí. Pero por otra parte, existe el problema de las otras familias, cuyos niños están viviendo en las tierras ocupadas sin las condiciones de higiene básicas para cuidar su salud. Prueba irrefutable de ello es la falta de algo esencial como es el agua. Al mismo tiempo, en una vida prácticamente a la intemperie, la necesidad de alimentarse lleva a la creación de hogueras, cuyo riesgo ambiental por incendios conocemos muy bien los habitantes del pueblo.

Pero antes del fuego, fue necesaria la tala de árboles y arbustos, argumento de tantas declaraciones ambientalistas.

Bueno, pasado el tiempo de rasgarse las vestiduras es momento de ser coherente con los discursos.

Esta situación de acefalía, como una forma menor de anarquía, es obviamente riesgosa. Y es erróneo pensar que este riesgo tiene fronteras delimitadas o será perjudicial sólo para determinados sectores. Nunca sería más errónea la mezquindad de una solución individual. Hoy el problema está en estos barrios, pero el riesgo es de todos.

La solidaridad, tan nombrada y manoseada, cuando es real, hace que al ayudar nos ayudemos. Así de sencillo.

Seguimos luchando y no cesaremos, para que exista el necesario respeto a estos problemas y a las personas que los sufrimos.

El trabajo necesario es obviamente de índole legal, debiendo vencerse al mismo tiempo las estrategias políticas del caso, por lo que esta carta no tiene otra función que la de informar a todos lo que está sucediendo y lo que no se está haciendo. Es casi una descarga emotiva necesaria frente a la inacción de las que deberían ser nuestras autoridades e instituciones.

Seguramente debe halagar al ego personal el prestigio de ciertos cargos, pero debe ser mucho más gratificante saber que se están ocupando legítimamente.