Nació en 1961, en Zapala, cuando un grupo de peronistas neuquinos decidió presentar la sigla, famosa ahora e identificada con la Provincia, sustituyendo al Partido que estaba proscripto, el que conducía desde Madrid, España, Juan Domingo Perón.
Desde entonces, el MPN ha ganado todas las elecciones provinciales, y gobernado, por ende, esta provincia con la que se lo identifica. Dueño de sus propias renovaciones, vinculado estrechamente al desarrollo petrolero, avezado reproductor de sí mismo, el MPN es una singularidad absoluta en el mapa político argentino, en Latinoamérica, y en el mundo entero.
Conducido actualmente por Omar Gutiérrez, presidente de la Junta de Gobierno, y Sandro Badilla, titular de la Convención partidaria, el partido provincial fundado hace 58 años está concretando una renovación generacional importante. Ambos dirigentes no habían nacido cuando el partido era fundado; pero al mismo tiempo, responden familiarmente a ese gen fundacional, y, ciertamente, provienen de esa gran escuela política que el MPN ha sabido construir desde el Estado que administra.
El MPN contemporáneo está concentrado en el desarrollo de Vaca Muerta, como principal objetivo inmediato y mediato. Una vez más, tiene por delante el desafío de alimentar el desarrollo económico y social neuquino con una base de fuerte producción de hidrocarburos. Arrastra un logro y un estigma, que coinciden contradictoriamente en su historia de más de medio siglo: haber sostenido y alimentado una de las provincias con mayor crecimiento del país; pero sin haber logrado romper la fuerte dependencia de ese recurso mineral con el que ha convivido.
Este martes, el MPN celebró discretamente. Su objetivo electoral principal del año se ha cumplido, con el triunfo del 10 de marzo. Espera, ahora, dar batalla por el distrito capitalino, el 22 de septiembre. No gobierna la principal ciudad de la provincia (y de la Patagonia) desde 1999.
Eso no le molesta demasiado a este partido pragmático y a la vez fuertemente culturizado en una especie de simbiosis original del peronismo y el desarrollismo como doctrina. Se verá si es capaz de asumir una proyección planificada hacia el perfeccionamiento que le permita romper récords mundiales en el mundo de la política y la sociedad de los humanos. En eso está, con su particular urdimbre.