Se los denomina “refugieros” y son integrantes del Regimiento de Infantería de Montaña 26. Su tarea es asistir a los que buscan la cumbre más emblemática de Neuquén.

02 Ene 2020
    

A más de 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar, en una de las laderas del volcán Lanín, hay un grupo de personas que amanece bien temprano. Cuando abren la puerta del refugio observan con la panorámica de un cóndor desde uno de los puntos más altos de la provincia. Son los habitantes del refugio del Regimiento de Infantería de Montaña 26 (RIM 26) que pasan una semana entera en la mitad del camino hacia la cima del volcán neuquino. Allí conviven con las hostilidades del clima. Interactúan y asisten a los militares y civiles que llegan regularmente para descansar en el lugar, algunos en busca de la cumbre y otros ya bajando de la cima.

“Hay una cuestión emocional que es fuerte en el trabajo con la naturaleza y de compartir con mucha gente. Hay momentos que se aburren, otros que se divierten, otros que conversan y preparan el refugio para la gente que va, y otros que están solos si el clima no les permite llegar a los que suben”, expresó el teniente coronel José Ignacio Silvani, a cargo del regimiento. Es el encargado de asignar tareas en el cronograma de los “refugieros”, la manera que se llama a los que, por turnos de dos, habitan en el sitio. El regimiento es parte de la Sexta Brigada de Montaña.

La nieve, la tormenta, el viento blanco y la altura son elementos que forman la vida habitual de un grupo compuesto por cincuenta personas que rotan cada semana para ser custodios del Lanín. Su casa en esos días es una estructura naranja de cuatro por dos metros.

“Generalmente en el refugio entran unas 18 a 20 personas y en el domo que está al lado otras 10”, graficó Silvani, quien amplió que otros arman carpas afuera.

El refugio lo opera un suboficial subalterno y un soldado, que son relevados semanalmente. El espacio cuenta con una hornalla a gas, dos paneles solares, luz de led y comunicación por VHF (Very High Frequency o de muy alta frecuencia) con el Parque Nacional Lanín y con el RIM 26, en Junín de los Andes.

Los habitantes hacen un turno de viernes a viernes . El suboficial y el soldado se ocupan del mantenimiento del refugio y en cobijar a los que llegan para descansar. Tanto civiles como militares. Un servicio gratuito que inicia en octubre y se prolonga hasta abril. Además garantizan la provisión de comida y de agua, y colaboran con cualquier necesidad técnica que puedan requerir los andinistas.

Cuando inicia y finaliza cada turno, un rol fundamental que acompaña la tarea de los refugieros es el de los porteadores. Cuando el viernes los dos encargados de habitar el refugio suben para iniciar su semana en el Lanín, son acompañados por los porteadores. Son un grupo de personas que trasladan las cargas que necesitarán los refugieros, entre ellos víveres y todo lo que haga falta para recibir a los andinistas.

“Los acompañan ese viernes hasta el refugio, con elementos para esa semana. A veces si se quedan sin gas suben una garrafa para que tengan las comodidad para vivir esos siete días”, contó el teniente coronel.

Ese ascenso desde la base hasta el refugio demora entre cuatro y seis horas. Una aventura entre araucarias, coihues y lengas.

Al terminar el turno, el grupo baja con la basura que se acumuló en el refugio. La instalación está abastecida de agua, víveres, equipo de andinismo para rescate y comunicaciones radioeléctricas.

Una de las tareas de esta dupla semanal es asegurar la provisión de agua en el refugio, que es abastecida con la proveniente del deshielo. Para esto se utiliza una manguera con una toma en un punto de deshielo, y regularmente es vigilada para tenerla en todo momento y se cambia el punto de toma si el líquido se acaba en ese sector.

Con una punta bien pronunciada, el volcán, que se levanta hasta los 3776 metros sobre el nivel del mar, tiene una cima cuya conquista es el sueño de centenares de andinistas que se atreven a desafiarlo. En este camino de aventura el refugio que pertenece al Ejército, ubicado a 2315 metros, en la mitad del volcán, es un punto clave.

Es tan emblemático el Lanín, que su figura forma parte del escudo provincial junto a otro elemento de la identidad neuquina como la araucaria.

El sector del refugio es un mirador privilegiado desde donde se puede observar el lago Tromen, la cadena de Mamuil Malal, la Aduana, Gendarmería y un sector de la ruta. El terreno es de piedras y la nieve solo domina la superficie en algunos días.

El primer refugio en el volcán se instaló a fines de la década de 1960. No es el mismo que funciona actualmente.


FUENTE: Diario Rio Negro