Hoy conmemoramos el 60º aniversario de la fundación de nuestro querido Movimiento Popular Neuquino. Conmemoramos ese 4 de junio de 1961, en el que un grupo de hombres y mujeres se reunió en Zapala, motivados por la decisión de tomar en sus manos la construcción del destino de la provincia, de ser protagonistas y no solamente testigos del paso de la historia.
Unidos por el futuro de grandeza que soñaban para estas tierras, fundaron el MPN, en tiempos de proscripción política. Y lo hicieron sosteniendo las banderas del federalismo, la democracia, la autonomía del poder central, la defensa de los recursos provinciales, la igualdad de todos sus habitantes y la justicia social.
Quiero recordar con mucho orgullo a nuestros fundadores, entre quienes se encontraba mi padre, Elías y mis tíos José, Felipe y Amado, que se juramentaron fundar un partido provincial, con una consigna clara: “Del Neuquén, para el Neuquén y la Patria”, iniciando una nueva época en la historia neuquina.
Quiero reafirmar los mismos compromisos que ellos asumieron en ese momento y que nos permitieron, en 60 años de historia, que una provincia olvidada, que recién salía de ser un territorio nacional, se convirtiera en una provincia próspera y de oportunidades.
Todas las concreciones que hemos logrado los neuquinos en estos años han sido mérito de un trabajo colectivo.
Soy un convencido de que el crecimiento en democracia y el desarrollo social y económico, no sólo es responsabilidad y mérito de los gobernantes que conducen, sino que es una tarea de todos los sectores, trabajadores y empresarios, profesionales y técnicos, empleados y obreros, organizaciones no gubernamentales y del Estado.
Un verdadero ejemplo de una de estas concreciones que hemos logrado los neuquinos es el plan provincial de salud diseñado en la década del ‘70, a pedido de Felipe Sapag al doctor Néstor Perrone y a la doctora Elsa Moreno. Un plan que ha sido sostenido y fortalecido por los distintos gobiernos desde ese entonces. Pero principalmente esto ha sido posible por el enorme esfuerzo de los médicos, técnicos, enfermeros y todo el personal que prestó y presta servicios en los hospitales de la provincia y sus centros de salud.
A ellos, mi más sincero agradecimiento. Un agradecimiento que hoy se potencia en medio de la pandemia que nos azota, convirtiéndose en la peor tragedia de la humanidad de los últimos cien años. Y encuentra a hombres y mujeres de nuestro sistema de salud de pie, combatiendo a este virus sin descanso.
Es tiempo de incertidumbre, de dolores, de tristezas, de llantos y amarguras, que nos debe encontrar a todos unidos para poder superarlo. En esta lucha nadie está excluido ni puede excluirse. No puede ni debe haber distinciones ni de partidos, ni de ideologías ni de cualquier otra naturaleza.
Imaginemos por un instante una travesía en el tiempo hacia el futuro y miremos desde allí este presente de dificultades y de angustia. Juzguemos desde ese futuro nuestras acciones del presente. Porque reflexionaremos desde allí si cada una de nuestras acciones de hoy estuvo a la altura de las circunstancias trágicas de este momento.
Ojalá en el futuro podamos decir que cumplimos con la tarea y que respondimos a este llamado histórico sin mezquindades, sin egoísmos, sin especulaciones; y que lo hicimos con dignidad, con solidaridad, con humildad y con nobleza.
Sé que es imposible abarcar con palabras en este homenaje, todo lo sucedido en nuestra provincia a lo largo de su existencia. Y tengo la seguridad de que las páginas más importantes de la historia de Neuquén son las que se van a escribir desde este presente hacia adelante.
Hasta todos los momentos.