La provincia del Neuquén atraviesa horas decisivas en materia ambiental. El escenario, definido como de "alerta crítica" por las autoridades, combina una sequía prolongada con condiciones climáticas extremas que han puesto en jaque a los recursos hídricos y aumentado exponencialmente el riesgo de incendios forestales. Adrián Barrera, director provincial del Sistema de Manejo del Fuego, fue contundente al describir el panorama: los ríos y arroyos registran niveles mínimos históricos, una bajante que no solo afecta el suministro sino que dificulta las tareas de combate ante posibles siniestros.
Combustible fino y riesgo latente Según detalló el funcionario, la falta de precipitaciones ha dejado los pastizales completamente secos, convirtiéndolos en "combustible fino". Esta condición hace que la vegetación sea extremadamente vulnerable: "Hoy el escenario es muy delicado: basta una mínima ignición para que el fuego se descontrole", advirtió Barrera. La propagación de las llamas en estas condiciones sería rápida y violenta, superando la capacidad de respuesta inmediata si no se actúa con prevención.
Vigilancia desde el cielo Para intentar adelantarse a la emergencia, el Gobierno provincial ha desplegado un operativo de vigilancia preventiva sin precedentes. Se realizan vuelos de avistaje permanentes con aviones de la Policía de Neuquén. Estas aeronaves, tripuladas por pilotos y técnicos especializados, patrullan zonas rurales y áreas de difícil acceso buscando columnas de humo incipientes.
Además de los ojos en el aire, se ha incorporado tecnología de punta: cámaras y monitoreo satelital para detectar "puntos calientes" en tiempo real. La vigilancia se concentra con mayor intensidad en las zonas sur y centro de la provincia (incluyendo nuestra región cordillerana), donde la actividad eléctrica reciente ha elevado el riesgo de incendios naturales.
El peligro de los "rayos dormidos" Barrera explicó un fenómeno que preocupa especialmente a los brigadistas: los incendios retardados. Tras una tormenta eléctrica, un rayo puede impactar en un árbol de gran porte o en el suelo y generar un fuego subterráneo o latente. Este foco puede permanecer oculto y manifestarse en la superficie hasta 72 horas después, cuando el clima se seca y el viento aviva las brasas. Por ello, la guardia no se baja ni siquiera después de que pasa la tormenta.
Desde el Sistema de Manejo del Fuego reiteraron el pedido desesperado a la responsabilidad ciudadana: evitar cualquier actividad que pueda generar chispas. En este contexto de "estrés hídrico" y sequía, la prevención es la única barrera efectiva para proteger nuestros bosques, viviendas y vidas.